Historias de montaña: siempre quedan razones para querer a Caracas

A pesar de que prefiero estar en cualquier otro lado menos en esa caótica ciudad llamada Caracas, confieso que mantengo con ella una relación constante de amor y odio. Esta es la ciudad que me vio nacer, crecer, en la que me despierto todas las mañanas, la que insulto cuando hace mucho calor, cuando hay mucha cola, o cuando me entra la paranoia, sin embargo, yo no me detengo en el afán de defender lo nuestro porque creo que muchas veces nuestra interacción con Caracas es mas un asunto de percepción. Por eso, cuando siento que mi alma ya no cabe en este pequeño valle y no puedo salir de la ciudad por razones circunstanciales o por trabajo, me refugio inmediatamente en las frondosas rutas del Parque Nacional Waraira Repano o como lo solemos llamar “Cerro El Ávila”.

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Esta cadena montañosa del centro norte costero, es una maravilla caraqueña; el que no se ha atrevido a subir ni diez metros esta montaña no ha podido sentir el efecto de estar convencido que fue creada en un acto sublime. Existe una variedad de rutas bien definidas y habilitadas para disfrutar de una maravillosa experiencia de senderismo en la ciudad, tan mágica que de un momento a otro te transportas a un lugar apacible, en la inmensidad de un mundo de vegetación boscosa, totalmente opuesto a la caótica vida de la citadina, aquí donde ser respira aire puro, el tiempo transcurre distinto.

Entre el pasado y el presente

El nombre que tiene hoy esta cadena montañosa es que se utilizaba antes de la llegada de los españoles a territorio venezolano, esta montaña era llamada por los indios Caribes como Waraira Repano, el significado varia en medio de la discusión entre “donde viven las dantas” o “Gran Montaña”. Una vez tomadas estas tierras por el conquistador Diego de Losada empezó a denominarse como “La Sierra” o “ La Sierra del Norte” y es hasta el siglo XVIII donde se deja constancia oficial de la denominación de “Ávila” en un Acta del Cabildo de 1774. Esta montaña sirvió por casi trecientos años como única vía de comunicación entre la costa norte y la Ciudad de Santiago de León de Caracas con las construcción a partir de 1603 del Camino Real, lo que hoy conocemos como el Camino de los españoles y que aun se enarbola como una ruta turística predilecta para los amantes del montañismo. Sus caminos aun guardan los restos del pasado y con una mirada a sus castillos y fortines de los que se conservan todavía los cimientos y algunas ruinas, puedes trasladarte fácilmente, con imaginación a nuestro pasado colonial. El propio Alexander Von Humboldt en su transito hacia la ciudad hizo referencia a este paso como “El camino de La Guaira al Valle de Caracas es infinitamente más hermoso que el de La Honda a Santa Fé, y el de Guayaquil a Quito”.

Desde la tradicional Puerta de Caracas ubicada en la Pastora se puede realizar un ascenso de muy poca dificultad desde donde se vislumbran las poblaciones coloniales de Sanchorquiz y Hoyo de la Cumbre. En la caminata se pasa por antiguo sistema de defensa de la Ciudad: el Fortín de San Joaquín de la Cuchilla o Fortín de la Cumbre, Castillo Negro, La Atalaya y Castillo Blanco, todos estos edificados en el siglo XVIII. Lamentablemente, debo reconocer que han sido minúsculos los esfuerzos por generar proyectos serios de restauración destinados a esta área patrimonial y los que se han concretado hasta ahora han sido poco cuidadosos con la reconstrucción del contexto histórico

Otro espacio del parque súper atractivo del parque en términos históricos es el asentamiento del doctor Alemán Gottifried Knoche ubicado en el sector El Palmar en la vertiente norte. Desde la población de San José puedes comenzar una caminata aproximada de dos horas hasta llegar a las ruinas de la hacienda Buena Vista. Esta excursión yo la recomiendo plenamente; a pesar de que te toparás con la evidencia de la desidia, del vandalismo y la despreocupación, considero que el esfuerzo de una caminata por una senda tan empinada vale la pena, pues la vertiente norte nos muestra una perspectiva muy distinta a la que conmunmente conocemos del parque, vistas inigualables del mar, la explosión selvática en la que se transforma nuestro entorno y los animalitos tornándose un tanto mas salvajes, indicios de una cara de la montaña poco intervenida y poco explorada por los excursionistas; además esta ruta nos brinda la posibilidad de poner a prueba nuestra capacidad creativa tratando de imaginar como habrá sido esta joya arquitectónica cuando estuvo en pie.

El doctor Knoche llegó a Venezuela para residenciase en la Guaira en 1840 y edificó su hacienda en el corazón de la montaña, inspirándose en la arquitectura de la selva negra alemana. Este lugar se convirtió para el y su familia en un laboratorio de investigación médica desde donde pudo concretar una fórmula para la momificación de cadáveres; muchos cuerpos fueron traídos en mula desde el puerto de la Guaira hasta la zona intrincada donde vivía el doctor para que el pudiese trabajar en sus experimentos.
Aun se conserva y se puede apreciar el mausoleo, las replicas de los cuerpos momificados de Knoche,su familia, las mascotas y un soldado que tenia como misión, desde su mortífera solemnidad, cuidar del recinto.

318332_234243613301102_1945649208_nEl encuentro con la historia de la montaña que resguarda este valle es una experiencia que ningún caraqueño que se precie puede dejar de vivir. Pienso que no debe haber caraqueño que al contemplar la montaña no encuentre un halo de paz, o no se vea así mismo como resultado de la construcción de su propia identidad. Aun queda mucho en ella para reencontrarnos, son un sinfín de lugares y acontecimientos los que tienen guardada la memoria de una relación inseparable entre la ciudad y su pulmón, que desde su cima percibe taciturna nuestro devenir histórico.

Inmersa como muchos en esta relación ambigua con Caracas, yo invito a todo el que quiera reconciliarse con la ciudad que suba la gran montaña, no solo a ejercitarse sino también a conocer su historia y disfrutar con conciencia de la naturaleza de un espacio que ha sido y quiere seguir siendo un limite para el caos.

 

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