Dilemas del emigrante

No es fácil tomar la decisión de irse a una tierra desconocida o medianamente conocida, al final del día el hogar siempre es el hogar. Sin embargo, en los últimos 15 años, la situación venezolana ha expulsado a un poco más de 1 millón de venezolanos, gente que de una u otra manera busca un mejor futuro. Huyen de una situación política que ha roto el orden social; no se trata de huir de una dictadura como dicen algunos, se trata de huir de un sistema completamente ineficiente que ha generado que la delincuencia se apodere de la vida de los ciudadanos.

Hace casi cuatro meses salí de Venezuela. Me costó adaptarme y reconocer que por unos meses no viviría en casa. Pasa, cuando uno es emigrante de países en crisis, que no reconoces la crisis sino hasta el momento en el que estás fuera y comienzas a notar cuánto te afecto vivir lo que viviste. Me pasó, por ejemplo, que una vez fui a comprar papel higiénico y me sorprendí parada frente al stand anonadada porque habían ocho marcas distintas. También me sorprendí otro día, caminando rápido a las 8 de la noche por miedo a que me pasara algo.

También pasa que comienzas a extrañar más de la cuenta, pero comienzan las dudas de si extrañas un país que tienes en el recuerdo, uno que probablemente nunca fue; o si extrañar a la gente. En todo caso, cada cierto tiempo comienzan los dilemas del emigrante que se cuestiona si está mejor afuera solo o adentro rodeado de gente que vive encerrada. No estás seguro si el trabajo que tienes es el mejor, o si preferirías estar trabajando entre amigos, pero sufriendo la inflación.

Sin embargo, el peor dilema del emigrante, me parece, es aquel que llega cuando cuestionas si estando fuera dejaste de luchar por el país, si dejaste de luchar por ti, por la Patria. Cuando piensas que todos los “buenos” se van y que regalas el país. El dilema que más pesa, que duele, que tortura, es ese que no tiene respuesta, ese que te pone entre la espada y la pared y te hace dudar de las decisiones que tomas. Ese que te hace cuestionarte si estás afuera por ti o si deberías estar adentro por todos los demás.

Para los que están afuera, es fácil olvidarse de los de adentro. Los que están adentro, cuestionan fácilmente a los que están afuera. Nadie se pone en los zapatos del otro, la empatía falta cuando la crisis invade a todos los que tiene como nacionalidad: Venezolano.

No es fácil cargar con el gentilicio últimamente, por ahora no hay respuestas para los dilemas; no hay más que ganas de que la tormenta pase, pero aparentemente la peor parte aún no llega. Lo importante, y aquí es donde creo que el dilema puede tener una solución, es no dejar de luchar jamás por dejar en alto la nacionalidad.

Foto: Jaromír Chalabala

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