Hay algo de nosotros que se queda impregnado en todo aquello que poseemos. Si no me crees, piensa en aquella blusa que guardas en un lugar especial, que te recuerda tal o cual situación. Piensa en la ropa que usas cuando vas a una entrevista de trabajo o a una cita, esa que te hace sentir más seguro de tí mismo. Todos los objetos sobre los que reclamas posesión tienen poder sobre ti, en la medida en que les impones cierta carga emocional y te vinculas a ellos. Desde esa perspectiva, no suena descabellado repetir aquel lugar común, que asevera que tu espacio es el reflejo de tu mente.

Tengo un orden dentro de mi desorden

Debo confesar que cuando viví con mis padres era más bien descuidada, desorganizada. La ropa iba a parar a una gran pila, poco me importaba el polvo que se acumulaba en los estantes. Pensaba que la vida era muy corta y que no pensaba perder el tiempo poniendo las cosas en su lugar, porque yo tenía mi propio orden dentro del caos. Todo se transformó cuando tuve un espacio para mí. El sentido de pertenencia del lugar me hizo notar que quería vivir de determinada forma, y que esto que me rodeaba no reflejaba lo que era en ese momento. Ahora quien me conoce sabe que soy máquina de limpiar y ordenar, tanto que amigos me piden ayuda cuando desean ordenar sus espacios.

Desde mi experiencia, puedo afirmar que las personas que suelen acumular cosas, que las dejan reposar y cubrirse de polvo, incapaces de deshacerse de lo que no cumple ninguna función específica a pesar de que les estorba, suelen ser personas que temen a los cambios, que temen a la muerte desde una perspectiva simbólica, que les cuesta cerrar ciclos y se aferran a los objetos para evitar que se desvanezcan, viven un poco en el pasado y no quieren desprenderse de él.

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Marie Kondo y la magia de ordenar

Lo que me motivó a escribir un artículo sobre algo tan trivial como ordenar tus pertenencias fue que un libro llegó a mis manos: The Life-Changing Magic of Tidying Up de Marie Kondo; una japonesa (un poco OCD, si a ver vamos) que expone un método radical para acabar con el desorden y la acumulación y, a la vez, poner orden en tu vida. Me enamoré perdidamente de él, pues resume básicamente lo que experimenté en mi entorno en la medida en que mi vida se transformaba, y la relación que hay entre ambas situaciones.

Hay algo mágico, sencillo y humilde en el ritual de encontrar un orden, una armonía entre tus pertenencias. Es una forma de asentarse y, si se quiere, una forma muy simple de meditación. Revisar cada una de tus cosas, repasar los recuerdos y encontrarles un espacio. Es un proceso similar al que se hace cuando vas a terapia: comienzas a organizar tus vivencias, a encontrarles un lugar apropiado, las entiendes y si no sirven, si te hacen daño, entonces las eliminas. Todo cae en su lugar por si solo.

El método de organización de Marie Kondo apela un poco a esto, a la experiencia única y personal de cada ser humano. No hay una forma única de poner orden en la vida, como no hay un método único de terapia psicológica. El método KonMari es extremadamente sencillo: coloca todas las piezas del lugar que vas a ordenar en el suelo (tu closet, el baño, la cocina, la sala…), tómalas una a una en tus manos y conserva sólo las que desprendan alegría, es decir, las que tengan la función de hacerte una persona más feliz; ya sea porque sean útiles o porque tengan un significado especial. Las que no cumplan con esa condición, deben desecharse, reciclarse o donarse no sin antes despedirse de ellas agradeciéndoles por el servicio que prestaron o la función que cumplieron.

Marie asevera que cada vez que manipulas algún objeto sentimental, decidiendo si conservarlo o no, estás procesando tu pasado. Acumular pertenencias sólo te ata a eso que ya no eres, que no te permite seguir viviendo en el aquí y el ahora, que es lo que de verdad importa. Es por ello que ordenar tus objetos es una forma de resetear tu vida antes de dar un nuevo paso hacia el frente. Luego de abandonar ese lastre simbolizado en ropa, libros y otros objetos, estarás más ligero, será capaz de conservar todo lo que te hace feliz, lo que necesitas para vivir; moverás las energías antiguas para atraer lo nuevo.

Sonará un poco trivial, pero les invito a hacer la prueba. Hay algo en eso del estilo de vida minimalista que atrae la calma y la paz mental. De hecho, creo que es una necesidad si tienes planeado emigrar, como muchas personas que conozco, hará que empacar tu vida en dos maletas sea un paso un poco más sencillo. Extrañarás a tus afectos, pero no los objetos. Y hasta podrás comprender el paralelo de ordenar tus espacios con tu mente: lo que no te hace feliz ni te ofrece ningún provecho, todo lo que te hace mal debe ser erradicado.