Concepciones prefabricadas que tenemos acerca del amor

Resulta increíble el montón de concepciones prefabricadas que tenemos acerca del amor. Creo que todos hemos escuchado alguna vez cosas como “Si no te cela es porque no te quiere” o “un clavo saca otro clavo” o “una relación fuerte es aquella que ha vencido muchos obstáculos, porque el amor es difícil”. O mi favorita: “Si quiere tener sexo contigo tan pronto, es porque no te ama”. ¿Y si les dijera que muchas de las concepciones actuales que tenemos sobre el amor no son naturales ni propias, sino que datan de la Edad Media?

El amor cortés

Es en la región meridional de Francia donde empieza a desarrollarse un tipo de poesía lírica ante el siglo XII, nace en la región de Provenza y se extiende rápidamente por todo el país galo, así como por tierras españolas y portuguesas. Sus iniciadores fueron los trovadores cátaros del territorio del Languedoc que abarcaba parte del sur de Francia, poetas y cantantes que habitaban en los palacios, en la corte, de lo que se deduce que con frecuencia se trataba de miembros de la élite, aunque ésto no era exclusivo de esta clase social.

Esta forma de poesía representó el nacimiento de un nuevo género y un nuevo código de amor: el amor cortés y la estética del fin’amors, que no se limita sólo al ámbito de la poesía cortés, sino que viene a representar un gran impacto en la sociedad, al proponer un nuevo ideal social y un código de amor que parece pervivir hasta nuestros días. Su ideal era una estética, pero también una ascética, pues el poeta aspiraba a ascender espiritualmente al contacto con el objeto de su amor y a su vez, hacer de las relaciones amorosas una forma de arte. El código de amor, llevado a las letras por Andreas Capellanus en ‘De Amore‘, pretende que el poeta acceda a la alegría y al verdadero amor si son respetadas tales reglas, que transcribo a continuación:

El amor es un sufrimiento interno que nace de la contemplación excesiva de la belleza del sexo opuesto, lo cual provoca el deseo eterno de permanecer en los brazos del ser amado, con el fin único de llevar a cabo los preceptos que ahora se dictan:

  • El matrimonio no impide amar a una persona.
  • Quien no es celoso, no puede amar.
  • El amor nunca es constante: siempre mengua o aumenta.
  • Nadie está exento de amar, sea cual fuere el motivo.
  • El amor se comporta como extraño en el hogar de la avaricia.
  • Un verdadero amante nunca ha de abrazar más que a su ser amado.
  • Cuando se hace público, el amor nunca perdura.
  • El amor que se alcanza por una vía fácil vale poco, pero si se consigue tras muchas dificultades entonces es digno de admiración.
  • Todo amante palidece ante la presencia de su ser amado.
  • Al mirar repentinamente al ser amado, el corazón siempre palpita.
  • Un nuevo amor desplaza al viejo.
  • Al hombre se le puede amar tan sólo por su buen humor.
  • Un hombre enamorado siempre es aprehensivo.
  • Los celos genuinos incrementan el amor.
  • Los celos, y por lo tanto, el amor, aumentan cuando alguien sospecha de su ser amado.
  • Cuando se ama verdaderamente, se come y se duerme muy poco.
  • Toda acción de un amante culmina en la idea del ser amado.
  • Nada resulta bueno a ojos del amante sino aquello que pueda satisfacer los deseos del ser amado.
  • El hombre que no muestra ni celos ni pasión rara vez ama.
  • Un verdadero amante vive constantemente obsesionado ante el pensamiento o la idea del ser amado.
  • Nada impide que dos mujeres amen a un solo hombre, al igual que nada impide que dos hombres amen a una sola mujer.

Creo que varias de estas reglas pueden sonarles bastante conocidas, pues seguimos viviendo bajo esas ideas aún en pleno siglo XXI, lo que, desde mi perspectiva, resulta francamente absurdo. El amor, como una idea eterna, absoluta, pura, etérea resulta hasta lindo desde una perspectiva lírica y estética, pero intentar transpolar estos ideales a lo práctico no hace más que complicarte la vida.

Les tengo malas noticias, princes@s

Pretender que la vida de tu pareja gire a tu alrededor no es amor, sino simple egoísmo. Los celos no son una demostración de cariño sino de desconfianza e inseguridad. Tener sexo en la primera cita no hace que muera el amor y los problemas no fortalecen una relación, sino que pueden llegar a debilitarla. Hay personas que creen que amar es sentir mariposas en el estómago y que cuando esta sensación de euforia desaparece, es que dejaron de amar; cuando esta etapa de las relaciones suele durar máximo 8 meses y luego evoluciona… podría seguir, pero creo que captan mi idea: vivir con esa idea de amor es ridículo y extenuante.

Tenemos el drama en nuestras venas. Creemos firmemente que el amor lo puede todo, que es exclusivo y que tenemos la idea de que cuando alguien te ama, debe darlo todo por ti y para ti. Pero si has tenido una relación seria y estable, sabrás que todo esto es una sarta de mentiras. El amor puede acabarse cuando vienen los problemas, el dinero es importante (el que me diga que no, nunca ha sido chuleado), los celos sólo contaminan una relación y hay cosas más imprescindibles que tu pareja. La sociedad nos ha enseñado a esperar un amor de cuento de hadas y la realidad nos empuja a otra cosa.

Creo que es hora de comenzar a derrocar de forma consciente estas ideas medievales, en pos de alcanzar una forma de relacionarnos con el otro basada en la necesidad de descubrirnos. El amor no tiene que ser terrible, ni sufrido ni complicado. Las relaciones se construyen y somos nosotros los que podemos enredarlas. Ya es suficiente lidiar con los problemas personales como para convertir un motivo de felicidad en otra complicación, ¿no creen?