¡Ah, Venezuela!

Venezuela… ¡Que lindo país! Lleno de mujeres bellas, gente trabajadora y atractivos naturales. Un país que lo tiene todo para situarse en la cúspide de lo que se proponga. Un país que produce ingenieros como ningún otro, esos que sirven para construir cosas innovadoras, edificar grandes obras y hasta para lanzar cohetes diariamente al espacio (¿por qué no?) Venezuela, un país cuyos atractivos naturales superan al jardín de Edén por mucho… Esa «pequeña Venecia» que tiene todos los climas existentes: Un país que tiene la dicha de estar en el trópico (donde no azotan los huracanes), que también tiene rincones en donde hay clima templado, sin riesgos de avalanchas y aludes.

Tantas cosas buenas tengo para decir de este país, mi país y tu país… Me quedaría corto si tuviera que nombrar cada uno de los atractivos que imperan en Venezuela. Dios -si realmente existe- nos bendijo con abundantes riquezas, de todo tipo, hasta fenotípicas (las mezclas de indios con europeos resultaron beneficiosas para nuestra estirpe). Simón Bolívar no pudo nacer en una tierra más hermosa que esta, ¿será por eso qué la defendió con tanto puje y coraje?

¿Qué podría decir del venezolano? Es una raza como ninguna otra, perseverante en la satisfacción de sus necesidades y querencias, devoto de la religión y, sobre todo, es la raza más cordial y amable del continente (con contadas excepciones). No tengo quejas personales acerca del venezolano promedio (siendo uno), que, a pesar de las adversidades, siempre tiene un motivo para sonreír y hacer sonreír a su semejante (una tarea ardua y de gran valor en estos tiempos apocalípticos).

Ya debo dejar de escribir con el corazón y hacerlo con la razón…

¿Dónde hemos dejado los valores que nos caracterizan? ¿Por qué hay tantos crímenes en nuestra nación? ¿Por qué somos más pobres cada día en vez de lo contrario? ¿Por qué nuestros enfermos de cáncer y otras enfermedades graves mueren rápidamente por falta de medicamentos? ¿Cuándo dejamos de querernos entre nosotros?

Son tantas preguntas… Todas tienen una respuesta: La -mala- política. Esa que nos ha convertido en prisioneros en nuestro propio hogar, esa que ha desatado una ola de violencia incontenible entre nosotros mismos. Esa que nos ha dividido como hermanos que somos, porque de nada sirve que todos convivamos juntos dentro de las ciudades y nos odiemos por ideologías. En la cuarta República estábamos más separados demográficamente, pero no habían tantos crímenes atroces como ahora.

Un gobierno que administra tu dinero es un gobierno incapaz. Tu tienes la facultad de hacerlo por ti mismo, tienes todo el derecho de ganar el dinero suficiente como para vivir sin carencias, eso si, trabajando fuertemente por el, por tu país y por tu familia, ¿Acaso no te duele salir a la calle y no poder darle a tus familiares todo lo que merecen y necesitan? Aunque alguien dijo por ahí «No es más rico el que lo tiene todo, sino el que menos necesita», viviendo en una sociedad donde todo lo necesario para subsistir tiene valor metálico, esta frase no aplica.

Queremos un nuevo país, uno lleno de oportunidades, las mismas para todos… Sin distingo de raza, religión o creencia política. Un país en donde ser de tez blanca u oscura no sea un prejuicio. Un país en donde no importe tu status económico, sino lo que llevas dentro del corazón. Lo tenemos todo para empezar nuestra eterna felicidad, pero, ¿cuando será eso?

Sin duda alguna, Dios es venezolano, sólo que se ha quedado dormido, en nosotros está despertarlo para que ponga orden.

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