Qué poco hemos aprendido

Hace unos días decidí irme de Twitter por un tiempo puesto que estaba ahogada de leer tanto fanatismo en los diferentes grupos de oposición. Por un lado están los que siguen creyendo en Henrique Capriles, grupo en el que me incluyo sin entrar en fanatismo, y sienten la necesidad de protegerlo y discutir con todo aquel que lo critique. Y por otro lado están los que se sintieron traicionados y abandonados, y el odio que le tenían a Chávez se lo endosaron a HCR.

Observando callada me doy cuenta que no aprendimos nada, seguimos buscando al padre. No nos damos cuenta que el problema real de Venezuela han sido esos gobiernos paternalistas. En un país donde las madres son jefas de hogar, en su mayoría, hemos vivido gobierno tras gobierno buscando al padre que nos abandonó sin darnos cuenta que lo que necesitamos es un empleado que trabaje por el bien del país y que entre todos se construya.

Creo en Henrique y no por pasión. Pienso que es una persona que ha construido su carrera política desde abajo, como debe ser. Es un tipo que tiene claro qué país quiere y con eso me identifico. Creo que algún día será presidente de Venezuela porque ama el país, lo trabaja a diario y es de las pocas personas que tiene claro qué desea. Aunque se maten los dos grupos por el liderazgo, para mí, a él no le quita el sueño ser presidente, a él le preocupan los problemas del venezolano de a pie y ha dicho miles de veces que no debemos esperar que él diga lo que hay que hacer, que es un trabajo de todos, que si tienen la necesidad de reclamar lo hagan, etc, pero ni el grupo que lo idolatra, ni el que lo adversa, lo ha entendido.

Mientras nos matamos entre nosotros el país se cae, vivimos la crisis más grande de salud que ha habido en Venezuela, y sin embargo, estamos más ocupados en discutir entre nosotros.

En realidad, ni a los que andan guarimbeando, ni a los otros les interesa este tema. El 10 de marzo hubo un llamado de los médicos a protestar en Plaza Venezuela y la convocatoria fue mínima. Médicos duros del teclado escribían sobre protestar, etc, desde la web. Así como todos los que insultan y quieren quemar Venezuela, la realidad es que no salen de la comodidad de su hogar.

Me cansé de leer cómo me insultaban solo porque en algún momento he criticado la actitud de Lilian Tintori. Ella armó una novela con la tragedia que vive y así no se gana el respeto. No le puedo pedir a nadie que se inmole o vaya preso mientras yo ando en Cannes viendo películas en un festival o tomando con mis amigas en un restaurante caro de Caracas. Lo siento, así como critico a las infantas por gastarse mi dinero, no voy a permitir que otra venga a pedirle a los jóvenes que salgan a defender a su familia mientras ella esta “llevando un mensaje”, lo siento, me cansé de ese tipo de política. Nunca he insultado ni a Leopoldo, ni a Lilian y menos a sus hijos, por lo menos en mi TL jamás he leído a nadie hacerlo, creo que hay personas que necesitan aprender a diferenciar entre critica e insulto, pero claro, la excusa para pasar todo el día insultando e inventando cosas de otros es que, según la interpretación de este grupo, uno está insultando a Lilian. Esas son las personas que se convirtieron en lo que dicen adversar y que hoy son gran parte del problema del país. 

Sigo por unos días alejada de twitterzuela, pero no de Venezuela. No sé cuándo publiquen esto, pero lo de las cacerolas me parece una estupidez, es hora de exigir y reclamar de otra forma, no guarimbeando en los municipios que ya son nuestros, ni marchando, pero hay que darle la vuelta,, nos quedamos sin país y lo estamos permitiendo.

Gracias a todos los que me han enviado mensajes, también los extraño un montón y a los que andan celebrando, no lo hagan mucho porque regresaré el día que menos se lo esperen y no tienen nada que ver en mi decisión de irme unos días de ahí, son cualquier cosa.

A veces es necesario respirar, poner las cosas en orden para seguir creciendo.

Fotografía de: Miss Hask ▼▼▼ bajo licencia cc

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