Días difíciles, en el país de las culpas que nadie asume…

Han transcurrido muchos días desde que empezaron las protestas en Venezuela. Un vaivén de emociones que nos hizo pasar del optimismo al pesimismo en segundos y sin apenas reflexiones que sostuvieran ninguna de las posturas. Casi de manera inevitable, esa mezcla de argumentos e irracionalidad, tuvo inmediatas consecuencias: discusiones con gente querida por no coincidir sobre lo que sucede realmente, creo que en el fondo nadie sabe que pasa.

El enfrentamiento también se lleva a cabo más allá de las calles, porque las posturas encontradas crean bandos en disputa. Por un lado,  los estudiantes con esa fuerza de luchar por un futuro que no existe en las circunstancias actuales. Por el otro, una guerra de egos entre los políticos que necesitan con ansias ser protagonistas y por último,  la indiferencia de muchos. Tampoco podemos dejar de lado personas que buscan protagonismo aprovechándose del momento.

Como ciudadana que se enfrenta a cada una de esas posturas, me duele Venezuela. Me duele cada uno de los asesinatos, me duele la injusticia y la ceguera del gobierno, me llena de impotencia que pasa de todo y no pasa nada, me duele la gente de Táchira y Mérida que están luchando como nadie pero no pueden solos, me duele la indiferencia de muchos, me duele muchísimo ver como muchos buscan beneficiarse de la tragedia por encima del amor a Venezuela, y me duele que en estos momentos siento que estamos mas divididos que nunca.

Me pregunto a diario, ¿qué sucederá?, ¿quien volverá a unir a Venezuela?, ¿cuanto nos cambio esta situación?. Las dos primeras preguntas no tienen respuesta todavía, la ultima si, creo que después de estos días no volveremos a ser los mismos, algo cambió para siempre. En lo particular siento que algo se apagó, y por otro lado algo que no conozco surgió. Llevamos años ligando que se prenda la candela, y creo que nunca nos preparamos realmente para vivirlo.

Me da miedo que los resultados sean los mismos que en épocas pasadas, por eso he intentado no tener esperanza. Decidí hace semanas no pensar en el futuro y enfocarme en el día a día con sus vaivenes, con la impotencia cada vez que asesinan a alguien o violan nuestros derechos. Aprendí a dormir pocas horas con la angustia que esto está generando, y lo más importante, finalmente aprendí a manejar mis emociones y a ser mas racional.

Me sigue preocupando el resultado y quien asumirá la culpa si no llega a resolverse nada, me angustia fallarle al Táchira, a los estudiantes y a Venezuela.

He participado en lo que puedo y en lo que me nace, hay cosas en las que no estoy de acuerdo, y eso no se negocia. Cada vez hay algo que no me termina de convencer, pero es solo mi percepción, mi admiración y mi apoyo a todos los jóvenes, y por supuesto a todas las regiones que luchan sin descanso, mi dolor eterno a cada una de las víctimas de estos días, para mi serán héroes y no mártires.

No considero que este en el lado correcto de la historia, en realidad creo que nadie sabe si lo esta. Lo que si se es que estamos escribiendo un capitulo importante de la historia el cual nadie pero nadie tiene idea de como terminara.

Al final solo me pregunto si esta vez alguien asumirá las culpas de verdad…

Foto: ruurmo
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