Luego de muchos años, más años de lo que muchos pueden soportar, más años de los que muchos podrían creer: la oposición en Venezuela obtuvo una victoria.

Es difícil no sentirse conmocionado y feliz cuando hay soplo de aire fresco. Sin embargo, no dejo de mantener mi actitud crítica, sé que a veces parece simple negatividad pero no lo es, es realismo.

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Lamentablemente al no tener múltiples opciones de las cuáles elegir lo que más te represente o satisfaga, aquí muchos hemos tenido que votar por lo que es «menos malo», por eso que «más se acerca a lo que queremos» porque la única forma de poder ir en contra de lo que nos ha dominado por años es actuar como un bloque unido. Aún así, y sé que muchos fanáticos extremistas me odian por ello, yo no apoyo al 100% a los «líderes» de la oposición, a muchos de ellos les temo porque sé que no tienen las mejores intenciones, muchos de ellos tienen actitudes negativas que son las que siempre he detestado en el gobierno, son la otra cara de una misma moneda, bajo otra tolda e ideología.

No podemos permitir que una victoria nos deje ciegos, que venga de nuevo la actitud desmesurada y bocona a empañar las cosas. No podemos repetir lo que tanto daño ha hecho. Si bien es cierto que muchos del lado contrario votaron por la oposición, eso fue un voto castigo, no un voto convencido realmente de haber escogido lo mejor.

Esto se traduce simple y sencillamente en que si esos personajes a quienes le dimos 112 asientos no se encargan de convencer  a esas personas que su voto valió la pena, que están siendo incluidos y respetados y que no se repetirán errores del pasado, entonces no habrá un verdadero cambio y no se sumarán otros. También es tiempo de comprender que la Asamblea Nacional no está compuesta solamente por este grupo, que es un todo, que los otros diputados también tienen su peso y que el total de los diputados que conforman la Asamblea, al final del día son individuos políticos y que muchas veces los votos no favorecerán lo que tú esperas, o lo que otro espera.

Sí, hubo un cambio, pero no es una victoria definitiva, falta aún un gran camino por recorrer donde además nosotros como individuos y ciudadanos debemos respaldar también las gestiones de esos representantes que elegimos, pero también saber cuando criticarlos y no convertirnos en los fanáticos de la otra tendencia y perpetuar de nuevo el fanatismo que no admite la crítica de quien te gobierna o representa.

Celebrar que el voto sí vale, que aún tenemos el derecho a elegir.

Celebrar lo que toque celebrar, sin quedarse dormido en los laureles ni quedarse fuera como agente de cambio. Este cambio significa hacer lo correcto y dejar los berrinches para los niños malcriados, ha llegado la hora de comportarnos a la altura de la situación que se nos presenta.

Tiempo para la alegría, pero también para la reflexión.

Tiempo para escuchar, para sumar.

Esto es de todos, los que ganaron y los que perdieron.