Tanque de libros

Como aquel amor, entre Frederic Henry, conductor de una ambulancia que trabaja para el ejército italiano en la Primera Guerra Mundial, y la auxiliar de enfermería británica, Catherine Barkley, que un día el gran escritor Ernest Hemingway plasmó en aquella novela «Adiós a las armas», es el amor que la humanidad debe tenerle a su salvación terrenal: La educación, los libros y los valores. Innumerables conflictos y guerra ha sobrellevado al mundo a convertirse en aquella dulce bombardeada zona de confort, que para muchos, en los que me incluyo, es un gran lugar pero que tiene como gobernantes a grandes descerebrados con el único objetivo de ir creando dolor y heridas por donde están sus intereses.

Es necesario recordar el desastre atroz de la Primera y Segunda guerra mundial, para no irnos a las guerras en el pasado entre religiones y más, y es necesario recordar porque en ambas guerras, fueron civiles los que más dolor y muertes cuadraron en las portadas de los grandes diarios del mundo, mientras unos morían por aquellas bombas nazis, otros eran masacrados por los comunistas. El mundo ha perdido grandes oportunidades, ha quemado opciones para salvarse de tanta ignorancia y rencor. Se han quemado millones de libros, se han roto hojas por doquier, el mundo ha preferido un fusil que un libro «para buscar la paz», es éste mundo donde los pseudos políticos han enterrado sus minas terrestres, que hoy día, siguen cobrando vidas en los lugares, incluso, más remotos.

Nuestra sociedad se encuentra armada de odio hasta los dientes, la mayoría odia a un semejante y no está dispuesta a sentarse a un dialogo, siendo la excusa de que la otra parte no quiere dialogar. Es aterrador ver imágenes de la guerra en Siria, por ejemplo; ciudades enteras destruidas por los cañones, por los fusiles; me atrevo a decir, que en Siria no hay ciudad que no tenga un agujero de una bala en sus paredes, que no tenga en sus calles manchas de sangre o una madre llorando porque ha perdido a su esposo o a su hijo en la guerra, es absurdo y aún no se entiende, como los fusiles cumplen un rol tan despiadado como lo es quitar una vida.

Los libros son herramientas necesarias para crear conciencia e ideas para no obstruir los pensamientos, que son el arma más poderosa para salvar al mundo. Cuando un «revolucionario» dice «Hay que aceitar los fusiles», nos damos cuenta que no es un revolucionario, es un guerrillero, es un títere de la ignorancia, porque así mismo podría decir «Hay que desempolvar los libros»; pero el mundo, los fanáticos, los radicales, los ciegos por elección y dominación, no querrán abrir los ojos mientras tengan en sus manos el fusil de la vergüenza, de la muerte y del «poder», pero se equivoca todo aquel que crea que son las armas el verdadero poder; podrán disparar, podrán asesinar a pueblos enteros, pero mientras su única razón para acabar con otro sea mediante la muerte, no tendrán el poder, porque les faltará el poder del pensamiento y de las ideas.

Trabajo por un mundo mejor, por un mundo con más bibliotecas que cuarteles, con más libros que fusiles, con más ideas que declaraciones de guerra, con más colores y con menos trajes verdeoliva; es un sentimiento que hay en el mundo; desde Ruanda hasta Bolivia, desde Sri Lanka hasta Egipto, desde Venezuela hasta Noruega, es un sentimiento de querer paz, de vencer al terrorismo, no para crear más terroristas, sino, para reeducar al mundo y demostrar que podemos tener más lecturas, más libros que fusiles.