la pobreza

Difícil y dura es la pobreza hoy en nuestro mundo; cada día la lucha contra éste problema «parece irse extendiendo más», pero los resultados no se ven a la primera. Diariamente, según la ONU y sus organismos, 100.000 personas mueren de hambre en todo el mundo, aproximadamente, cada 5 segundos un niño fallece a causa de la falta de alimentos y con tal alarmante cifra, el Banco Mundial nos da la información de que más de 1.000 millones de personas vive en la pobreza extrema; 70% de esas personas, son mujeres.

Mientras leemos todas ésas cifras, que a muchos cuesta creer o pide una revisión para verificar si es verdad, la pobreza sigue cobrando vidas en el mundo y los gobernantes continúan «intentando» resolver; bien diría Indira Gandhi, que la pobreza es un «cáncer» que afecta a la humanidad, tal vez esa comparación no sea la más correcta, pero lo que sí no podemos negar es que la pobreza es una grave enfermad que no perdona. Triste es salir a las calles de nuestros países, ya sea en América Latina o en Asía Central, y observar en cada esquina o avenida a madres y niños sufriendo ante la falta de alimentos y con ellos de oportunidades.

Una vez, alguien me comentó que la gente es pobre «porque quiere», tomé muy mal tal afirmación pues ya que, la pobreza va más allá del querer; nadie puede ser rico o salir de la pobreza de la noche a la mañana si no se le da la oportunidad para surgir, nadie puede salir de la pobreza mientras no tenga educación, nadie puede dejar atrás la pobreza mientras no tenga un hogar, sanidad o trabajo. Es muy fácil levantarte ante un escenario y vociferar todo tipo de especulaciones y ofensas cuando no se ha vivido dentro del monstruo, sí, porque la pobreza también es un gigantesco monstruo que va carcomiendo a la humanidad y no está esperando por los gobiernos ni organizaciones del mundo, que se dignen a combatirle.

La ONU ha propuesto ya sus Objetivos del milenio, en los cuales se destina a acabar con la pobreza en el 2030, cosa que los mandatarios presentes en la Asamblea General, aprobaron y hasta se colocaron de pie para aplaudir, las dudas surgen al momento de bajar el telón. ¿Cómo harán todos esos gobernantes, y los que le sigan, para acabar con la pobreza en sus países? ¿Cuáles serán sus técnicas? ¿Cómo hará, por ejemplo, Nicolás Maduro para acabar con la pobreza si prefiere invertir en presupuesto militar que en la misma educación universitaria? ¿Cómo hará, y sigo con el ejemplo de Maduro, para combatir la pobreza, si las misiones sociales se quedan sin fondos? Y cada quien puede hacerse estas preguntas, dependiendo del país en que me lean.

La pobreza es dolorosa y mientras nos lamentamos, sigue creciendo diariamente y corriendo el riesgo de caer en ella cuando no logramos tener las oportunidades, por más que las busquemos. El mundo necesita cambiar, lo he mencionado en varios artículos, nosotros como humanidad, necesitamos cambiar; la indiferencia y  la discriminación son fatales para la pobreza, de ellas se alimenta ése gran monstruo al que muchos quieren destruir, pero no le dan la batalla. De aquí al 2030, espero que estemos vivos, y podamos entonces, ver si la pobreza se erradicó o aumentó; temo, y no por ser pesimista, que mientras los gobiernos sigan creando guerras, conflictos y nada de soluciones, la ONU tendrá que extender tales objetivos y mientras tanto, calcule cuantos seres humanos habrán muerto.