La viñeta de Aleida que ilustra esta nota resume, en gran medida, lo que significa tener más de treinta años y decidir no tener hijos. No hablo de tener problemas de fertilidad, o dejarse llevar por la vida; hablo de tomar la decisión y expresar abiertamente tu deseo de no procrear. El acoso social existe y en nuestra sociedad es pan de cada día. Ante los ojos de los otros siempre hay algo que hace falta para cumplir a cabalidad el guión planteado por la sociedad: naces, creces, estudias, te reproduces y mueres. De eso se trata, al menos para los otros.

El cuento de hadas

Las mujeres tenemos un plan de vida que se espera cumplamos, es el sueño que se nos implanta en la cabeza desde pequeñas, nos preparan para ello; asumiendo que todas estamos equipadas con algo llamado instinto maternal, que se complementa con un reloj biológico. Gracias a ese instinto maternal, que dice la sabiduría popular que es como un mecanismo similar al de respirar o al de los latidos del corazón, una mujer puede saber cómo cargar, cuidar y educar a un niño de forma automática, apenas se los ponen en los brazos. Ese instinto también permite que la mujer ame a su hijo más que a sí misma y que posponga su vida para ser madre cuando el otro sistema femenino se activa: el reloj biológico.

Este reloj permanece dormido, pero cuando llegas al pico de tu edad fértil, emite una poderosa alarma que sólo puede ser escuchada por su portadora y que no deja de sonar hasta que alberga un niño en sus entrañas. Es increíble cuántas mujeres viven con estas creencias implantadas en su imaginario, aún en pleno siglo XXI, luego de la fulana revolución sexual, los anticonceptivos y la igualdad de género. ¡Ay de ti si te atreves a cuestionar estas creencias!, si pregonas que procrear no es un instinto ni una fin último, sino una elección.

Decisiones

no quiero tener hijos

Una de las cosas que agradezco de haber asumido mis preferencias sexuales es que cuando convives con una pareja de tu mismo sexo, vives al margen de los planes sociales. Tienes que replantearte y cuestionar todas las costumbres sociales y es que hasta tener hijos se convierte en una elección, pues no puedes embarazarte por accidente. Así que en algún punto me hice la pregunta: ¿quiero tener hijos? Y la respuesta fue una negación rotunda y definitiva. Desde pequeña pensé que estaba defectuosa, porque los bebés no me producen ninguna ternura, en la adolescencia y juventud un embarazo me parecía un error y en estos momentos, me parece que sencillamente no es algo para mi. Y ahora entiendo que eso no me hace menos mujer.

Creo que lo más difícil no es asumir tu realidad, decir que no quieres tener hijos no es difícil. El problema viene cuando lo dices a viva voz. Ahí viene el acoso social, disfrazado de frases inocentes como “eres muy joven para decidirlo”, “ya se te activará el reloj biológico”, “espera que te enamores y te cases”, “cuando te cases, querrás tener una versión miniatura de los dos” y así sucesivamente. Si ya pasas de los treinta, entonces se hace mayor el acoso: “¿y para cuando el bebé? Se te acaba el tiempo”, o “no tener hijos es egoísta”. Y a eso, aúnale los comentarios de tus amigas embarazadas o con hijos que dicen “la única forma de realizarte como mujer es teniendo un hijo. Cuando tengas el tuyo lo entenderás”. Para mí, que respeto a quienes tienen hijos y los crían con amor y dedicación, que no pretendo evangelizar a los otros para que sigan mi ejemplo, todo esto me parece una gran falta de respeto.

Nadie tiene derecho a decidir qué debo hacer con mi útero ni con mi vida. Nadie puede ni debe trazar un plan de vida que debo cumplir para poder “sentirme realizada”, porque si a ver vamos, no hay nada más egoísta que pretender que otro ser humano, ya sea una pareja o un bebé, sean los responsables de tu felicidad. Aquellas personas que tienen hijos sólo porque es lo que se espera que hagan, porque no han tomado una elección consciente y responsable, sólo buscan satisfacer sus egos y vivir a través de sus pequeños. Y ni hablar de los que tienen hijos como plan de retiro, con la esperanza de que los cuiden durante sus últimos años. Eso es egoísmo, no mi deseo de no traer una vida al mundo.

Si somos capaces de entender que adoptar una mascota es una responsabilidad durante varios años, que debes considerar si tienes las condiciones materiales y emocionales para poder mantenerlo, me cuesta comprender a aquellos que se dedican a tener hijos sin plantearse cuestiones tan simples como si seremos capaces de brindarle un buen hogar, los cuidados necesarios, la educación y formación académica que se merece. Porque un hijo es un ser humano, es una responsabilidad moral y material aún mayor que la de tener un gatito o un cachorro.

Las Razones

No tengo los medios materiales para mantener dignamente a un niño, además vivo en un país donde es casi imposible tener una vivienda, la escasez de pañales, leche y medicinas son cosas cotidianas, la mensualidad de un colegio cuesta mucho más que un sueldo mínimo y, encima de todo, es inseguro. Un niño no se alimenta de amor y esperanza. Por otra parte,los niños me producen cierta incomodidad. No me divierten ni me gustan (por decir eso me han llamado monstruo), y parafraseando a Sartre, no tengo deseos de prolongar mi existencia ni necesito traer un niño a este mundo para que cumpla mis sueños. Estoy completamente satisfecha y soy feliz con mi perro, mi pareja, mi carrera, mis metas.

Como pueden ver, no sería una buena madre porque sencillamente no deseo serlo. De la misma forma, muchas personas han tomado la decisión de ser honestas consigo mismas y se han declarado childfree. Esto no nos hace desalmadas, egoístas, aberraciones de la naturaleza ni menos mujeres. De hecho, nos hace personas responsables y sinceras, por lo que agradecería de todo corazón a todos quienes piensen lo contrario que se ahorren los comentarios porque ya tengo más de treinta, aún no he cambiado de opinión y dudo que lo haga. Respeto, eso es todo lo que necesitamos.